mercredi 23 novembre 2011

Suecia against Prostitution...

Suecia acorrala a los clientes de la prostitución

Los detenidos suman más de 3.700 desde 1999 - La pena por comprar sexo se eleva a un año de cárcel, pero se evita con el pago de una multa

CHARO NOGUEIRA - Estocolmo - 02/10/2011

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El hombre mayor conduce con obcecación. Una vuelta, otra, otra más. En una hora, su viejo mercedes dobla una decena de veces la esquina roja de Estocolmo, la de las calles Mäster Samuel y Malmskillnad, cerca de la estación central de ferrocarril. Tan claro está lo que busca como lo que no encuentra: compañía femenina de pago. El conductor, un delincuente en potencia -según la ley sueca es delito comprar sexo-, fracasa en su intento. Al contrario de otras noches, en las que llega a haber cerca de una decena de mujeres, este viernes solo hay una candidata y se inclinará por el conductor de un utilitario. La esquina quedará vacía.

    Suecia

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    A FONDO

    Capital:
    Estocolmo.
    Gobierno:
    Monarquía Constitucional.
    Población:
    9,045,389 (est. 2008)

La noticia en otros webs

Los contactos se han trasladado con fuerza a la Red y los teléfonos móviles

La prostitución callejera se ha reducido a la mitad -según los informes oficiales- desde 1999, cuando Suecia dio un paso inédito: penalizar al cliente, pero no a la persona que se prostituye. Fue una medida pionera que las autoridades evalúan con optimismo. La policía muestra cifras: del centenar de detenidos de los primeros años se ha pasado a los 1.277 arrestados en 2010. En total, 3.787 desde la prohibición.

Al aumento de los detenidos ha seguido el agravamiento de su castigo. La pena máxima, seis meses de cárcel, subió a un año el pasado julio. Pero las cárceles siguen sin hospedar reos por comprar sexo: los clientes pagan una multa y evitan ir a prisión. La mínima es de 2.500 coronas -271 euros-, detalla la número dos de la fiscalía de Estocolmo, Lise Tamm. Suele fijarse en un tercio de los ingresos diarios de 50 días.

El agravamiento pretende alentar la lucha contra este delito y lograr mayor implicación de los jueces. Muchos aún tienen reticencias para castigarlo, coincidían varios responsables de la lucha contra la prostitución en un encuentro con periodistas europeos a mediados de septiembre en la capital sueca. Alguno recordaba con ironía el caso del magistrado del Tribunal Supremo que compró sexo, pagó la multa y, tras un tiempo de inhabilitación, volvió a su puesto, o la reciente polémica sobre las supuestas visitas del rey Carlos Gustavo a clubes de alterne y que obligó al monarca a salir al paso. Hace tiempo que en Suecia se acabó la tolerancia con esta práctica. La sociedad apoya su sanción, según las estadísticas oficiales, aunque sigue habiendo voces discordantes.

En 1996, tres años antes de que entrara en vigor la criminalización de los clientes, poco más del 30% de los ciudadanos estaba de acuerdo con esa medida, alentada desde el movimiento feminista con este principio: la prostitución es una muestra de desigualdad entre hombres y mujeres y una forma de violencia contra ellas. En 2002, apoyaba la penalización en torno al 75% y seis años después, se rebajaba -sobre todo entre los hombres- al 71%. En 2009, una encuesta oficial a jóvenes de 16 a 25 años revelaba que el 1,7% había recibido dinero a cambio de sexo, la misma proporción que un lustro atrás. Eso supone que 20.000 chicos y chicas contactaron con los clientes sobre todo por Internet.

El abolicionismo ha dejado las calles casi limpias, pero la Red arde. "Internet y los teléfonos móviles han cambiado las cosas", admite la relatora de la lucha contra la prostitución y el tráfico de personas, la policía Kajsa Walhlberg. Se han convertido en la vía de contacto entre clientes y personas que se prostituyen. En 2008, la policía detectó a 400 ciudadanos que ofrecían servicios sexuales -poco más de 30, hombres- a través de Internet. No hay cifras oficiales actualizadas de cuántas personas venden sexo por cualquier medio. La prostitución, que ejercen en mayor medida extranjeras, a menudo se recluye en hoteles. La Red es, también, el gran confidente de la policía, en la lucha contra el tráfico de personas con fines sexuales que, según las estimaciones, sufren entre 400 y 600 extranjeras cada año. Los responsables de atajarlo creen que su Código Penal es un buen escudo ante un problema en auge en buena parte del mundo. "Los traficantes ya no eligen Suecia en primer lugar", asegura Walhlberg. Pero tampoco la descartan: su delito es muy lucrativo, difícil de probar y con pocas condenas.

Suecia está satisfecha de haber exportado su modelo. Noruega lo copió en 2009 con una novedad: comprar sexo fuera del país también es delito, lo que permite perseguir todo el turismo sexual. La multa es de 25.000 coronas (3.164 euros). Islandia también ha penalizado a los clientes. El abolicionismo forma parte de la marca país. Casi como Ikea.

Ayudar a la "víctima"

"La prostitución nunca es una elección realmente libre". Esta afirmación del antiguo Ombudsman de Igualdad de Género, Claes Borgström, es una idea acendrada en los sucesivos Gobiernos desde que en 1999 -con Ejecutivo socialdemócrata- comenzó a castigarse a los clientes de la prostitución en Suecia, un país de 9,4 millones de habitantes. La compra de servicios sexuales se ve como una práctica contraria a los derechos humanos y una llamada al tráfico de seres humanos. Buena parte de las mujeres traficadas en este país proceden de Europa del Este.

Las personas que se prostituyen -la gran mayoría, mujeres-, son consideradas víctimas. "No deben ser criminalizadas, sino ayudadas", afirma Kajsa Wahlberg, relatora de la lucha contra la prostitución. Los servicios sociales les ofrecen apoyo y atención sanitaria específica. También se ocupan de los clientes. Entre ellos, hay mujeres. "Son pocas, pero es algo que no hay que olvidar", dice una de las responsables de la atención, Miki Nagata.

Valorar a las personas, no a las cosas...

La última consola para ganarte a tu hijo

¿Tienden los padres a paliar un déficit afectivo dándoles todo lo que piden? - La presión consumista sobre los niños es cada vez mayor - Los pequeños piden marcas porque los adultos las valoran

J. LAFUENTE / P. TUBELLA 21/11/2011

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Una madre inglesa sopesa comprar una consola portátil a su hijo de solo tres años para evitar que se sienta excluido cuando acuda al parvulario. El caso es especialmente extremo, pero ilustra las conclusiones de un reciente estudio de Unicef sobre la vida familiar en Reino Unido: la radiografía de unos padres que sucumben a las demandas de tecnología, ropa o zapatillas deportivas de las marcas con estatus, en un esfuerzo por proteger a sus retoños en un entorno hiperconsumista. Es el temor a lo que en inglés se denomina brand bullying.

Un niño: "Cuando salga quiero un iPhone 5; no sé por qué pero lo quiero"

Unicef alerta que la trampa consumista es mayor entre las rentas modestas

En Suecia y España los niños identifican felicidad con pasar tiempo en familia

"Los menores deben saber que se les quiere por ellos mismos", dice Marín

Esa trampa, concebida como una compensación por el escaso tiempo que los progenitores dedican a sus niños, es un rasgo distintivo entre las familias británicas, según la radiografía de la agencia de la ONU para la infancia. Pero, ¿se puede extrapolar a España? ¿Compensan los padres un déficit afectivo con algo material? Los expertos consultados para este reportaje reconocen que aunque la tendencia es seguir los pasos de Reino Unido, en España quizás impere algo más de sentido común. "El sentimiento de culpa, de estrés, la baja (que no poca) predisposición a decir que no, hace que los padres cedan a las demandas de sus hijos", explica Imma Marin, asesora pedagógica y directora de Marinva Juego y Educación. Mari Carmen Moreno, profesora del Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Sevilla, admite que es cierto que algunos padres confunden los términos y para paliar la falta de tiempo que pasan con sus hijos acaban comprándoles lo que piden, pero pide cautela: "Me da miedo lanzar este tipo de mensajes apocalípticos. Lo hacen razonablemente bien. Lo que ocurre es que nuestro mundo se ha vuelvo más consumista y eso lo trasladamos a nuestros hijos". Y advierte: "Hay que tener cuidado, porque cuando se dice que los niños adolecen del cuidado y falta de dedicación eso va, en general, en contra de las madres que trabajan: se crea un sentimiento de culpa que suele ser injusto".

El estudio, que compara la realidad de las islas con dos sociedades tan distintas como las de España y Suecia, determina que en el país nórdico los pequeños sufren una menor presión consumista que otros niños europeos, lo cual no quiere decir que no lo noten. "No se trata de un caso solo de Reino Unido, es algo que se está globalizando. Para formar parte de determinados grupos sociales tienes que tener una serie de bienes que te identifiquen. No ocurre solo con los niños, también con los adultos", asegura Blanca Betes, psicóloga de Psiceduca, quien resumen: "Al fin y al cabo a los niños les acostumbramos los adultos". Imma Marín ahonda en esta cuestión: "Los niños son consumistas porque los padres lo son. Cada vez más, la identidad de las personas la construimos en base al consumo. Es una forma de identificación que comienza en los adultos. Los niños quieren ver lo que ven en los adultos. Piden marcas porque los adultos compran marcas y las valoramos". El estudio de Unicef ilustra este último comentario de forma muy gráfica en una de las múltiples citas que se encuentran a lo largo del texto: "Quiero una BlackBerry negra y un iPhone 5 cuando salga, no sé por qué, pero los quiero. Voy a ir a hacer cola con mi padre el día que salga a la venta", asegura un niño de 10 años británico.

La presión consumista sobre los más jóvenes tampoco es un fenómeno novedoso. Desde hace décadas, los niños siempre han reclamado el último videojuego y las últimas zapatillas. Donde antes había una Game Boy, ahora hay una PlayStation 3. La diferencia es que con los años la influencia de las marcas cada vez es mayor. Hay más presión en todo tipo de ambientes, concede Marín: "Los fabricantes juegan con ello. Hay una utilización bendecida de los niños como reclamo de un producto, aunque luego nos echemos las manos a la cabeza por la utilización consumista". Lo ilustra otra de las citas del estudio, en la que un niño de 13 años, confiesa algo que para él es prácticamente vital: "Tengo un iPod nano, pero necesito uno mejor, con más aplicaciones. El que tengo tiene un límite de memoria para acumular canciones; aún no lo he superado, pero estoy a punto...".

Más allá de la importancia que se le da a los bienes materiales, el estudio determina que tanto en España como en Suecia la vida familiar "es parte del tejido de la vida diaria", una pieza fundamental en el bienestar infantil. Porque los niños de entre 8 y 13 años entrevistados para el estudio identificaron la felicidad con el tiempo compartido junto a las familias y los amigos, y con las actividades de ocio realizadas de puertas afuera. "Sí es cierto que en España hay más conciencia y cultura familiar", admite Blanca Betes. No en vano, a una niña española se le atribuye en el estudio una cita en la que asegura que le gustaría ver más a su familia. La chica, de 10 años, no solo se refiere a sus padres, sino también a sus tíos y tías. Algo que no ocurre en el caso de los niños de los otros dos países.

De ahí que haya que aprovechar esa conciencia familiar a la hora de tratar de paliar una eventual presión consumista sobre los más pequeños. Mari Carmen Moreno recalca la necesidad de hacer razonar desde muy pronto a los más pequeños. Convencerles de que uno "no es lo que posee, sino lo que lleva dentro". "Puede parecer muy banal, que no te van a hacer caso, pero en general, está demostrado. Esas advertencias no suelen caer en saco roto", opina la profesora de la Universidad de Sevilla.

Consentir a los más pequeños en exceso, darles todo lo que quieren, ¿qué tipo de consecuencias puede tener? "Se vuelven blandos; egoístas", considera Inma Marín, quien reconoce que muchas veces se intenta paliar el sentimiento de culpa con no negarles algo. "Se hace con la mejor intención, pero el resultado no es lo que uno espera. Los padres a veces son poco conscientes de ello. Se confunde la forma de querer a un hijo. No siempre hay que defenderle, sino darle un poco de confianza, aunque hagan travesuras. Necesitan saber que se les quiere por ser ellos". La asistente pedagógica de Marvinva argumenta que "el no existe, y es necesario pronunciarlo. Y decirle que un no es innegociable. Es una forma de hacerle sentir que los queremos. Cuando todo es un sí, les hacemos ver, inconscientemente, que no nos preocupamos. Por eso hacen muchas veces travesuras, para reclamar la atención. Decir que no por convicción, cuando se puede decir que sí, es muy complicado", reconoce.

En esta misma línea, Blanca Betes, advierte de que comprarle a un niño todo lo que desea "puede hacer que se vuelva un tirano, que se olvide la parte sentimental".

Un problema que puede surgir en este contexto es el de las familias que recurren a ese consentimiento material a pesar de no tener la capacidad económica para dar a sus hijos todo lo que reclaman. No solo pueden generar un problema a corto o largo plazo, sino que, opinan las expertas consultadas, meten al niño en un estrato social que quizás no le corresponde, creándole a la larga, sin quererlo, un sufrimiento innecesario. "Hay que educarles dentro de un sistema que te puedes permitir", opina Betes.

Eso es algo que se ha de tener en cuenta desde muy temprana edad, coinciden los expertos. Es en la infancia donde, considera Imma Marín, una persona "desarrolla unas defensas para lo que pueda venir después. Desde algo aparentemente tan absurdo como esperar el turno en una partida de parchís. Nacemos con un egocentrismo muy grande y eso es algo que hay que cuidar, es un aprendizaje constante".

Además, los niños necesitan límites que les den seguridad. "Si un niño crece sin escuchar un no, lo que consigues es que crezca en un mundo que no es real, ya que, más adelante, en la adolescencia, se encontrará con más de un no", considera esta asistente pedagógica.

El informe de Unicef refleja que el miedo al brand bullying se detecta en familias británicas de diferentes niveles sociales y razas, pero el fenómeno se agudiza en aquellas de rentas más bajas. Un adolescente explicaba a los autores del estudio que no importa si uno vive incluso en un cuchitril mientras tenga un iPod o una BlackBerry ("entonces eres aceptado"). Además, son esas comunidades más modestas, cuyos niños llevan un estilo de vida especialmente "sedentario", las que se ven más afectadas por el impacto de los recortes del gasto público en los espacios para juegos al aire libre y centros de actividades para los menores.

Incluso en el caso de Suecia, de los tres países analizados en el que la diferencia entre ricos y pobres es menor, los niños reconocen que hay casos de humillación sobre los que menos recursos tienen por el mero hecho de no contar con los últimos artilugios en el mercado. "La pandilla no se caracteriza por tener un aparato en concreto, pero sí he visto casos de alumnos que han sido acosados por no tener su propio móvil", admite un niño de entre 9 y 10 años.

A tan pronta edad esta desigualdad les puede llegar a afectar a la autoestima. Tanto en los que oprimen como en los que se sienten vulnerables. En ambos colectivos se producen sentimientos que hay que trabajar para que no se desarrollen actitudes que puedan ser nocivas. En el del niño o niña que se siente discriminado, coinciden las expertas consultadas, la autoestima queda mermada. Ese niño o niña, opinan, necesitará más protección y cariño. En el caso de los que ejercen una presión sobre los más vulnerables se desarrolla un sentimiento de sobreestimación. "Hay que dejarles claro que lo material va a ser siempre un acompañamiento, pero nunca, nunca, va a ser lo suficiente", recalca Imma Marín.

A raíz de la difusión del informe, a principios del mes de septiembre, la rama de Unicef en Reino Unido ha invitado a reflexionar también sobre lo que dice de la sociedad, la cultura y las familias británicas de la oleada de disturbios y pillajes que asoló Londres y otras ciudades el pasado verano. Una de las imágenes más recurrentes durante aquellas noches consecutivas de desmanes fue la de jóvenes, adolescentes e incluso algún niño asaltando tiendas de electrodomésticos y calzado. Imágenes que parecen indicar que las normas dejan de existir cuando se trata de conseguir los artículos de consumo más codiciados.

For a national health system in China...

23 noviembre , 2011 | 16 : 27

El motor sanitario chino, en marcha

Inversion sanitaria en china1
Hace poco más de un año que hablábamos sobre el examen de la Reforma Sanitaria de China realizado por un grupo internacional de expertos de la industria, dentro del VI Foro Anual de la Sanidad en China, celebrado en Shanghai los días 5 y 6 de junio de 2010.

El gobierno chino había manifestado su voluntad de facilitar el acceso universal a los servicios sanitarios básicos y en el foro se debatió sobre las principales cuestiones a tener en cuenta para lograr universalizar los servicios sanitarios en un país como China. Las principales conclusiones fueron que, aunque China cuenta con masa crítica suficiente para impulsar la costosa reforma sanitaria, el reto es de carácter político y administrativo para poder gestionar y coordinar el ingente volumen de recursos humanos y materiales a poner en juego. Es necesario el estricto control del gasto y la optimización de su uso, para conseguir implantar un modelo sanitario sostenible sobre una población enorme y bastante dispersa económica y geográficamente. Los chinos, a esas alturas ya tenían claro el "qué".

Posteriormente se fue revelando el "cómo" hacerlo, y en noviembre de 2010 publicamos la “Receta Rusa para el Sistema Sanitario Chino: Competencia Regulada” formulada con seis ingredientes necesarios, aunque en lo tocante a la salud nunca se alcanza la suficiencia. Era nuestra interpretación de un trabajo del que es co-autor nuestro profesor Wei Zhang de la escuela de negocios CEIBS.

Con la rapidez en que se ha dado el paso del "qué" al "cómo", China avanza en una de las líneas que podrían cargar de contenido lo "social" que debiera distinguir su particular economía de mercado. La universalización de servicios sanitarios básicos en China es preludio necesario para la verdadera universalización, es decir, para la mundialización de la atención sanitaria básica.

Inversion sanitaria en china2
Como prueba de que el motor sanitario chino está en marcha baste decir que, según el diarioChina Daily la inversión de capital privado y capital riesgo en China durante los ocho primeros meses de 2011 se disparó a los 3.500 millones de dólares, una cifra mayor que la suma de inversiones durante los cuatro años anteriores y 2,7 veces el valor de la inversión total durante 2010.
Podríamos decir que se ha iniciado ya el desplazamiento hacia China del centro de gravedad del desarrollo sanitario y farmacéutico.

dimanche 13 novembre 2011

Inequality and occupation movements...

L'inégalité, moteur mondial de l'indignation

Chronique | LEMONDE | 12.11.11 | 14h24 • Mis à jour le 12.11.11 | 17h02

par Par Sylvie Kauffmann

Lindignation a gagné Harvard. Enfin, presque. Pour être plus précis, elle a fait irruption dans le cours d'introduction à l'économie du professeur Greg Mankiw, qui accueille chaque mercredi 700 étudiants dans son amphi.

Le 2 novembre, 70 d'entre eux - soit "5 à 10 %", a-t-il calculé curieusement pour un économiste - se sont levés au début du cours et ont quitté la salle, pour marquerleur solidarité avec le mouvement Occupy Wall Street, qui plonge depuis plusieurs semaines les Etats-Unis dans un abîme d'introspection sur ce qu'il est advenu du rêve américain.

Pourquoi Greg Mankiw ? Parce qu'il a, à leurs yeux, une fâcheuse tendance àprivilégier les enseignements d'Adam Smith sur la théorie keynésienne, et parce que la "nature partisane de ce cours symbolise et contribue aux inégalités économiques croissantes aux Etats-Unis". Le fait que Greg Mankiw ait présidé, dans une vie antérieure, le conseil économique du président George W. Bush n'est peut-être pas non plus étranger au choix des protestataires. "L'ironie de l'histoire,relève le professeur Mankiw sur son blog, c'est que le sujet du cours ce jour-là était précisément la distribution des revenus, et notamment le fossé croissant entre le 1 % au sommet et les 99 % en dessous. Dommage qu'ils l'aient raté."

Une année d'études à Harvard revient à peu près à 50 000 dollars (36 600 euros). Quelques-uns des jeunes contestataires du professeur Mankiw ont, sans doute, contracté des emprunts pour payer leurs études, dont la dette les étranglera s'ils ne trouvent pas du travail tout de suite. D'autres ont des parents qui se saignent aux quatre veines pour eux, plus que ne l'ont fait leurs propres parents. Et c'est cette disparité qui nourrit le ressentiment actuel aux Etats-Unis.

Exemple : Susan Benda, juriste et mère d'un adolescent de 14 ans, compare les 50 000 dollars annuels que lui coûtera son fils (et qu'elle n'a pas) s'il réussit à entrerdans une de ces universités d'élite, aux 6 000 dollars que la même université coûtait à ses parents en 1978.

Contrairement à elle il y a trente ans, un vrai parcours du combattant attend son fils à la sortie pour trouver un premier emploi, et s'il déniche un stage, ce sera grâce aux relations professionnelles de sa mère. "Ce qui veut dire que les jeunes qui ne sortent pas des 20 meilleures universités et dont les parents n'ont pas les bonnes connexions n'ont aucune chance, dit-elle. A mesure que les riches deviennent plus riches, les classes professionnelles, elles aussi, protègent leurs enfants, et les portes se ferment pour les autres. Nous sommes de moins en moins une terre d'opportunités, ouverte au mérite. C'est déprimant."

Si l'inégalité déprime les parents, elle révolte les enfants. C'est elle qui a fait le succès d'Occupy Wall Street, qui envoie les "indignés" dans la rue en Europe, qui cause la multiplication des "incidents de masse" en Chine, ou qui permet au rebelle populiste noir Julius Malema d'être entendu lorsqu'il menace les Blancs d'Afrique du Sud d'une "guerre économique". Symptôme le plus tangible des maux attribués à la mondialisation, le creusement des inégalités sert de moteur à la contestation dans les économies avancées comme dans les pays émergents. Pour l'économiste américain Nouriel Roubini, nous sommes confrontés à l'"instabilité de l'inégalité". Plusieurs études anciennes ont montré la corrélation entre hausse des inégalités et instabilité sociale accrue, surtout lorsque la classe moyenne est affaiblie. C'est exactement ce qui est en train de se passer.

Le mal est à l'oeuvre depuis à peu près deux décennies, mais il explose aujourd'hui parce que le niveau élevé de chômage, en particulier chez les moins de 25 ans (17,1 % aux Etats-Unis, 21 % dans l'Union européenne, 46 % en Espagne) l'a rendu intolérable, avec son corollaire, l'injustice. L'Amérique prospère des années 1990, du plein-emploi et de l'équilibre budgétaire, était pleine d'admiration pour ces tycoons du high-tech et de la finance qui devenaient milliardaires du jour au lendemain en stock-options et en bonus. Mais à l'époque, les petits porteurs aussi s'enrichissaient en Bourse.

C'est fini. L'admiration a fait place à la colère. En réalité, le revenu moyen des ménages, en tenant compte de l'inflation, n'a pas progressé par rapport à 1989 aux Etats-Unis. Ce qui a progressé, en revanche, ce sont les revenus les plus élevés, un mécanisme très bien décrit en France dans le livre de Thierry Pech, Le Temps des riches (Seuil, 180 p., 15 euros).

Partout, l'écart s'est creusé entre les tranches de revenus basses et moyennes, qui ont stagné, et les tranches les plus hautes, qui ont parfois atteint des sommets vertigineux, justifiés ni par le talent ni par le travail, dans une économie financiarisée. Selon des chiffres d'Eurostat, le ratio S80/S20, qui compare les revenus des 20 % inférieurs et ceux des 20 % supérieurs en Europe, a atteint en 2009 en Espagne, où est né le mouvement des "indignados", son plus fort différentiel depuis que cette statistique existe. Dans des pays comme la Chine ou l'Inde, des millions de gens sortent de la pauvreté, mais l'opulence des nouveaux riches redouble leurs attentes - et leur frustration.

Le modèle occidental avait trouvé une solution aux inégalités et à l'injustice, avec deux variantes : le laisser-faire américain et, en Europe, la redistribution par l'impôt et l'Etat-providence. Le modèle a bien fonctionné pendant la deuxième moitié du XXe siècle. Aujourd'hui, il est en panne, à l'exception peut-être de quelques pays nordiques. Pierre Rosanvallon, auteur d'un ouvrage fondamental sur la question, La Société des égaux (Seuil, 428 p., 22,50 euros), dénonce une "crise de l'idée d'égalité" et le "recul de la solidarité", avec en arrière-plan la "sourde délégitimation de l'impôt et du principe redistributif". L'échec n'est pas seulement social, il est aussi économique : la concentration de la richesse au sommet et l'affaiblissement des classes moyennes salariées peuvent avoir un effet négatif sur la demande, créant un problème macroéconomique structurel potentiel. Les pays émergents apportent-ils une réponse ? Pas pour l'instant. C'est donc le modèle occidental qu'il faut réinventer.

Que batalla se ha librado y ganado en el mundo diciendo estoy a favor del consenso?