dimanche 13 novembre 2011

La mujer, el islam y la primavera arabe...

Las árabes no aceptarán más repúblicas islámicas”

Zainá Anuar, que se define como “feminista y creyente”, lleva más de 20 años empeñada en adaptar el islam a los tiempos actuales

Zainá Anuar, durante el acto de Casa Asia en Barcelona.

Ni las amenazas, ni los insultos han borrado la sonrisa de Zainá Anuar. Tiene 57 años y lleva más de 20 empeñada en adaptar el islam a los tiempos actuales; en devolver al Corán el “carácter vanguardista” que tuvo cuando fue redactado en el siglo VII. Fundadora en 1987 de Sisters in Islam —una ONG de Malasia que lucha contra los extremistas y los conservadores, contra su Gobierno y contra las instituciones por la defensa de la igualdad, la libertad y la dignidad de la mujer musulmana—, Zainá, que se define como “feminista y creyente”, afirma que “la mujer lidera el cambio imparable que se vive en las sociedades islámicas”. Sisters in Islam recibió anoche en Barcelona el premioCasa Asia por su labor en defensa de los derechos de las musulmanas.

Pregunta. ¿Qué opina del anuncio del nuevo líder de Libia de que levantará las restricciones a la poligamia impuestas por el régimen de Gadafi?

Respuesta. Es muy triste que después de una revolución quieran restablecer la poligamia. El reto que ahora enfrentan las árabes es el intento de que los cambios democráticos no se apliquen a las mujeres, pero ellas no permitirán quedarse fuera de la primavera árabe. Las mujeres reivindican sus derechos desde una realidad que ha llevado a muchas a formar parte del mercado laboral y a ser las que mantienen el hogar. Ya no son aquellas de los tiempos del profeta cuya vida se limitaba a la casa.

Las mujeres no queremos ser las parias del mundo

P. Pero, ¿pueden dejarlas atrás?

R. Uno de los mayores éxitos de laprimavera árabe es que psicológicamente ha roto al miedo. Han hecho oír sus voces y ya no se apagarán. El fracaso de la revolución islámica iraní ha enseñado muchas lecciones. Las árabes no aceptarán más repúblicas islámicas.

P. ¿No cree que los mulás pueden secuestrar la revolución como hicieron los ayatolás en Irán?

R. Ese tiempo ha pasado. La sociedad civil no lo permitiría. Laprimavera árabe ha logrado abrir el espacio público y el sentimiento de poder del pueblo. Sus voces han derribado dictaduras asentadas durante décadas.

P. Pero, hay muchos extremistas…

R. En una democracia salen a la luz los extremistas y también los moderados. Sin democracia no hay cambios. El extremismo no es religioso sino cultural. La religión domina la escena política cuando los gobiernos fracasan en mejorar la vida de sus ciudadanos y en crear un espacio público de debate. El autoritarismo y la falta de desarrollo convierten a la religión en la voz contra la injusticia.

P. ¿Cree que la religión ampara a los pobres?

R. Asistimos a la transición de la sociedad rural a la urbana, lo hace que mucha gente se sienta perdida y se acoja a la seguridad que brindan los rígidos principios de la ortodoxia, que fomentan unos hombres que viven desconectados de la realidad. Ellos se han arrogado la capacidad de interpretar el Corán, pero lo hacen paralizados en el tiempo, sin tener en cuenta los cambios operados en estos 14 siglos.

Ellos se han arrogado la capacidad de interpretar el Corán, pero lo hacen paralizados en el tiempo

P. ¿La mujer puede interpretar el Corán?

R. A eso se dedica Sisters in Islam desde su fundación: a promover el conocimiento de un islam que reconoce los principios de justicia, igualdad, libertad y dignidad. Es una lucha dura, pero cada vez que arremeten contra nosotras ganamos más espacio a nivel global.

P. ¿Se beneficia de la represión?

R. La utilizamos. Así, cuando el Gobierno malasio prohibió nuestro último libro, Extremismo islámico y su impacto en el derecho de las mujeres, llevamos al Gobierno a los tribunales. El pasado enero ganamos el juicio, pero lo más importante ha sido el eco que todo esto ha tenido en la sociedad a nivel local y global. Ahora nos planteamos nuevos retos legales contra la discriminación de las musulmanas en Malasia [La ley reconoce la igualdad de derechos de las mujeres de las minorías china e hindú, pero no los de la mayoría malaya debido a su religión islámica].

P. ¿Cómo nació Sisters in Islam?

R. Los políticos no tienen coraje para hacer frente a la opinión pública. Somos la voz de la resistencia frente a unos hombres que interpretan el Corán y la Sharía de forma discriminatoria e injusta para las mujeres. Comenzamos la lucha escribiendo en los periódicos y recurriendo a los medios de comunicación.

P. ¿Las sociedades islámicas están abiertas al cambio?

R. El cambio nos toca hacerlo a nosotras. Hay consenso entre las mujeres de que nuestro momento ha llegado. No queremos ser las parias del mundo. Se ha roto el monopolio de interpretación de lo divino. Se acabó el aceptar la poligamia y el maltrato como nuestra obligación de sumisión al marido.

P. ¿No teme a los extremistas?

Me insultan, me envían correos amenazantes, pornografía… pero no temo por mi vida

R. No. En Malasia no hay una tradición violenta. Me insultan, me envían correos amenazantes, pornografía… pero no temo por mi vida. Los extremistas son hombres que ante su incapacidad de adaptación a la realidad recurren a un lenguaje desesperado. Los tomo como nuevas oportunidades de cambio y un nuevo impulso a nuestro empeño en crear una alternativa de igualdad que rete al extremismo.

P. ¿Esta orgullosa de lo que hace?

R. Sí, he conseguido demostrar que los valores de igualdad, justicia, dignidad… no son occidentales, sino que están enraizados en el islamismo. Ahora tenemos las herramientas y el conocimiento para extenderlos entre los cientos de millones de musulmanas.

P. ¿Qué opina su familia de sus ideas?

R. Mi familia siempre me apoyó. Mi madre, pese a ser ama de casa, siempre nos dijo que teníamos que ser independientes y ganar nuestro dinero para no depender de un hombre.

La tele que enamora...



El pasado medio siglo ha sido la era de los medios electrónicos de masas. La televisión reformuló a la sociedad en cada rincón del mundo. Ahora, una explosión de nuevos dispositivos mediáticos se suma al televisor: DVD, ordenadores, consolas de juegos, teléfonos inteligentes y más. Cada vez es más evidente que esta proliferación de medios tiene infinidad de efectos negativos.

La tele que enamora...

TRIBUNA: Laboratorio de ideas JEFFREY D. SACHS

Un país de vidiotas

JEFFREY D. SACHS 13/11/2011

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El pasado medio siglo ha sido la era de los medios electrónicos de masas. La televisión reformuló a la sociedad en cada rincón del mundo. Ahora, una explosión de nuevos dispositivos mediáticos se suma al televisor: DVD, ordenadores, consolas de juegos, teléfonos inteligentes y más. Cada vez es más evidente que esta proliferación de medios tiene infinidad de efectos negativos.

      La noticia en otros webs

      El tiempo que se solía pasar en comunidad hoy se pasa en soledad frente a una pantalla

      Estados Unidos lideró el mundo en la era de la televisión, y las implicaciones se pueden ver más directamente en la prolongada relación amorosa de EE UU con lo que Harlan Ellison memorablemente llamó "la teta de cristal". En 1950, menos del 8% de los hogares estadounidenses tenía un televisor; para 1960, el porcentaje había pasado a ser del 90%. Ese nivel de penetración en otros lugares se demoró muchas más décadas, y los países más pobres todavía no han alcanzado esa cifra.

      Como era de esperar, los estadounidenses se convirtieron en los mayores telespectadores del mundo, lo cual probablemente siga siendo válido hoy día, aunque los datos son un tanto imprecisos e incompletos. La mejor evidencia sugiere que los norteamericanos dedican de media más de cinco horas diarias a ver la televisión, una cifra sorprendente, dado que se pasan varias horas más frente a otros dispositivos que transmiten vídeo. Otros países registran muchas menos horas frente a la pantalla. En Escandinavia, por ejemplo, el tiempo que la gente pasa viendo televisión es aproximadamente la mitad que el promedio en EE UU.

      Las consecuencias para la sociedad estadounidense son profundas y perturbadoras, además de una advertencia para el mundo, aunque probablemente llegue demasiado tarde como para ser tenida en cuenta. Primero, ver mucha televisión proporciona escaso placer. Muchas encuestas demuestran que es casi como una adicción que ofrece un beneficio a corto plazo, pero que conduce a una infelicidad y a un remordimiento de largo aliento. Estos espectadores dicen que preferirían ver menos televisión de la que ven.

      Es más, ver mucha televisión contribuyó a la fragmentación social. El tiempo que se solía pasar en comunidad hoy se pasa en soledad frente a una pantalla. Robert Putman, el prominente especialista en el decadente sentimiento de comunidad en EE UU, descubrió que el uso de la televisión es la explicación central de la merma de capital social, la confianza que une a las comunidades. Por supuesto, hay muchos otros factores en juego, pero la atomización social generada por la televisión no debería subestimarse.

      Por cierto, ver mucha televisión es malo para la salud física y para la salud mental. Los norteamericanos van a la cabeza del mundo en materia de obesidad. Aproximadamente las dos terceras partes de la población estadounidense tienen sobrepeso. Una vez más, muchos factores están detrás de esta situación, incluyendo una dieta de alimentos fritos baratos y poco saludables, pero el tiempo sedentario que se pasa frente al televisor también es una influencia importante.

      Al mismo tiempo, lo que sucede mentalmente es tan importante como lo que sucede físicamente. La televisión y los medios relacionados fueron los grandes proveedores y transmisores de la propaganda corporativa y política en la sociedad.

      La televisión de Estados Unidos está casi en su totalidad en manos privadas, y los dueños generan un buen porcentaje de su dinero a través de una publicidad implacable. Las campañas publicitarias efectivas, que apelan a deseos inconscientes -normalmente, relacionados con la comida, el sexo y la condición social-, crean ansia de productos y compras que tienen muy poco valor real para los consumidores o para la sociedad.

      Lo mismo, obviamente, le sucedió a la política. Los políticos estadounidenses hoy son marcas, empaquetadas como cereal para el desayuno. Cualquiera -y cualquier idea- se puede vender con una cinta brillante y una sintonía pegadiza.

      Todos los caminos al poder en EE UU pasan por la televisión, y todo el acceso a la televisión depende del dinero. Esta lógica simple puso a la política estadounidense más que nunca en manos de los ricos.

      Hasta la guerra se puede mostrar como un producto nuevo. La Administración de Bush promovió las premisas de la guerra de Irak -las armas de destrucción masiva inexistentes de Sadam Husein- con el estilo familiar, colorido, ágil y lleno de imágenes características de la publicidad televisiva. Luego la guerra en sí comenzó con el bombardeo de Bagdad, un espectáculo en vivo hecho para la televisión y destinado a asegurar altos niveles de audiencia para la invasión liderada por Estados Unidos.

      Muchos neurocientíficos creen que los efectos de la televisión en la salud mental podrían ser aún más profundos que una adicción, que el consumismo, que la pérdida de confianza social y que la propaganda política. Quizá la televisión esté volviendo a cablear los cerebros de los telespectadores asiduos y dañando sus capacidades cognitivas. La Academia de Pediatría de Estados Unidos recientemente advirtió que es peligroso que los niños miren televisión porque puede dañar su desarrollo cerebral, e instó a los padres a mantener a los niños de menos de dos años lejos de la televisión y de medios similares.

      Una encuesta reciente en EE UU de la organización Common Sense Media revela una paradoja que, no obstante, resulta perfectamente entendible. Los niños en hogares estadounidenses pobres no solo ven más televisión que los niños de hogares adinerados, sino que también es más probable que tengan un televisor en su cuarto. Cuando el consumo de una mercancía cae conforme aumenta el ingreso, los economistas lo llaman un bien inferior.

      Sin duda, los medios de masas pueden ser útiles como proveedores de información, educación, entretenimiento y hasta conciencia política. Pero un exceso de ellos nos está enfrentando a peligros que es preciso evitar.

      Cuando menos, podemos minimizar esos peligros. Entre las estrategias de éxito a nivel mundial están los límites a la publicidad televisiva, especialmente aquella dirigida a los niños; los canales de televisión públicos y no comerciales, como la BBC, y el tiempo de televisión gratuito (pero limitado) para las campañas políticas.

      Por supuesto, la mejor defensa es el propio autocontrol. Todos podemos dejar la televisión apagada más horas cada día y pasar ese tiempo leyendo, hablando con los demás y reconstruyendo la base de la salud personal y la confianza social.

      Jeffrey D. Sachs es profesor de Economía y director del Earth Institute en la Universidad de Columbia. También es asesor especial del secretario general de Naciones Unidas sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio. © Project Syndicate, 2011.

      jeudi 10 novembre 2011

      Brazil vs China

      Brasil lucha por ganar peso ante la arrolladora maquinaria china

      El Gobierno de Brasilia considera que la relación comercial con China es asimétrica y reclama un aumento de las exportaciones manufacturas y medicamentos

      Hu Jintao y Dilma Rousseff durante un encuentro bilateral. / V. HACHE (AFP)

      Las relaciones bilaterales entre China y Brasil no atraviesan su mejor momento pese a la clara voluntad de la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, de estrechar lazos con el gigante asiático. Por un lado, China se resiste a apoyar las aspiraciones brasileñas de conseguir un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU. Por otro, la balanza comercial entre ambos países es favorable a Brasil desde un punto de vista cuantitativo (en millones de dólares), aunque el Gobierno de Brasilia sostiene que existen serios desequilibrios en términos cualitativos: mientras China inunda el mercado brasileño de manufacturas, principalmente equipos electrónicos, Brasil exporta al mercado chino materias primas sin procesar (en Brasil las llaman directamente “sin valor añadido”), como soja, mineral de hierro y petróleo. A pesar de obtener elevados ingresos con estas ventas, el país sudamericano se queja de que esta dinámica frena la diversificación de su economía y de que acaba siendo rehén de las oscilaciones de precios de la materias primas en los mercados internacionales.

      Brasil es muy consciente de que necesita potenciar el desarrollo tecnológico de su industria si quiere abrirse paso entre las grandes potencias mundiales. Por ello, su Gobierno repite desde hace años queno quiere limitarse a exportar petróleo, sino sus derivados; no quiere vender soja o fruta, sino alimentos procesados; tampoco mineral de hierro, sino maquinaria industrial y tecnología. Un episodio aún abierto que refleja al milímetro esta nueva doctrina es la licitación brasileña para la compra de 36 cazas de combate. Brasil exige a los competidores (EE UU, Francia y Suecia) que sus ofertas incluyan una elevada transferencia tecnológica. Es decir, Brasilia ha dejado claro que el elegido deberá entregar los aviones con sus manuales de construcción y reparación. Se trata de un guiño claro a la industria aeronáutica brasileña, moderna aunque sin la excelencia ni la tecnología punta de otros países.

      Brasil exige a sus competidores que sus ofertas incluyan una elevada transferencia tecnológica

      En este contexto, el Ejecutivo de Brasilia considera que la relación comercial con China es asimétrica y reclama nuevos equilibrios que podrían derivar de un aumento de las exportaciones brasileñas de manufacturas y medicamentos, entre otras. En 2010 la primera economía latinoamericana vendió a China productos por valor de 30.800 millones de dólares e importó del gigante asiático algo más de 25.600 millones. El 90,76 % de las exportaciones lo conformaron materias primas como mineral de hierro (57,13 %), petróleo (16,95 %), soja (12,83 %) y pasta de madera (3,85 %). Con el crecimiento de los intercambios bilaterales, en 2009 China desbancó por primera vez a EE UU como primer socio comercial de Brasil en términos absolutos (cómputo de exportaciones e importaciones).

      “A pesar del discurso dominante de que existe una cooperación estratégica entre ambos países, cada día surgen más divergencias de intereses, hasta el punto de que muchos se preguntan si China es más un aliado o un competidor”, explica Adriana Abdenur, coordinadora del BRICS Policy Center de la Universidad Pontificia (PUC) de Río de Janeiro. Efectivamente, las autoridades brasileñas, presionadas por el todopoderoso patronato industrial, han mostrado su preocupación ante el hecho de que un 67% de las empresas brasileñas que compiten en el ámbito internacional con sus homólogas chinas aseguran haber perdido cuota de mercado. Lo mismo ha ocurrido con el 45% de las compañías de bandera brasileña que se enfrentan a la competencia china en el mercado interior del gigante sudamericano. Los productos más afectados por esta competencia agresiva son los textiles, el calzado, la maquinaria industrial, los medicamentos y los equipos electrónicos de comunicación. “Hasta ahora Brasil ha ganado en la balanza comercial por los elevados precios de las materias primas, pero no sabemos cuánto va a durar esta situación”, alerta Abdenur.

      Ambos países coinciden en la necesidad de que el peso del eje Euroatlántico se vea contrarrestado por las nuevas potencias emergentes englobadas en el grupo BRIC

      Este mes Brasil ha adoptado su primera gran medida proteccionista dirigida claramente a los productos chinos. El Gobierno de Rousseff ha aprobado un aumento temporal del 30% del Impuesto sobre Productos Importados (IPI) que recaerá sobre los vehículos de importación que no cumplan una serie de requisitos. La medida, de facto, pretende frenar la entrada de coches chinos de bajo precio que en los últimos meses han hecho furor entre los consumidores de la creciente clase media brasileña.

      Pero no todo son desavenencias. China y Brasil sí comparten una visión multipolar en un nuevo orden mundial aún sin definir. Ambos países coinciden en la necesidad de que el peso del eje euroatlántico se vea contrarrestado por las nuevas potencias emergentes englobadas en el grupo BRIC (Brasil, Rusia, India y China). Brasilia y Pekín también están de acuerdo en sustituir el dólar por sus divisas nacionales en sus intercambios comerciales. Este discurso de unidad, sin embargo, tropieza con el hecho de que China no haya querido avalar hasta el momento la candidatura brasileña a ocupar un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU.

      Que batalla se ha librado y ganado en el mundo diciendo estoy a favor del consenso?